En los albores del siglo XX, en un rincón remoto y deslumbrante del actual Parque Nacional Los Glaciares, comenzó a forjarse una historia de coraje, determinación y profundo sacrificio. Es la historia de Harry Johannes Hilden, un joven finlandés que, con apenas 18 años, emprendió la travesía de construir una nueva vida en tierras lejanas.
Su nombre y el Puesto Las Vacas quedaron grabados en la memoria de la región por su intrépida labor: la captura de vacas bagualas en medio de la inmensidad patagónica.
El escenario de esta epopeya fue una pintoresca parada lacustre en El Calafate, creada por una empresa de navegación sobre el Lago Argentino. Allí, durante cinco intensos años, Harry y su familia enfrentaron desafíos extremos, dejando una huella profunda en la historia ganadera de la zona. En ese marco de viento, montaña y silencio, se desplegó una vida dedicada a la ganadería salvaje en el corazón del parque.
La historia del Puesto Las Vacas se remonta a 1898, cuando el inglés Sixto Wallis llevó un arreo desde La Pampa para poblar los campos adyacentes al lago. Las vacas, que luego serían conocidas como “ganado cimarrón”, prosperaron sin control entre glaciares y estepas.
Décadas más tarde, en 1945, el decreto presidencial de Edelmiro Julián Farrell transformó esas reservas en lo que hoy conocemos como Parque Nacional Los Glaciares. Este cambio obligó a los pobladores a retirarse de la zona, aunque el ganado cimarrón siguió reproduciéndose en libertad.
Fue entonces cuando Harry, junto a su esposa e hijo, firmó un acuerdo con un concesionario del parque conocido como “el turco” Félix. La misión era clara: sacar las vacas, vivas o muertas. Una tarea que exigía no solo coraje, sino una conexión visceral con la naturaleza indómita del sur argentino.
Durante cinco años, Harry perfeccionó su método: usaba panes de sal como señuelo. Las vacas, atraídas por ese sabor irresistible, salían de su escondite entre bosques y mallines. Así, día tras día, la familia Hilden sostuvo una actividad tan dura como legendaria.
La modesta casa de madera que ocuparon sigue en pie, desafiando el tiempo como un testimonio silente. Porque Harry Johannes Hilden no fue sólo el finlandés que capturó las “vacas del glaciar”—fue parte del alma del Lago Argentino. Su legado vive en la estepa, en las navegaciones, y en el recuerdo de quienes fueron testigos de su historia.
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