Llegar al Molino Forclaz, en la localidad de San José, Entre Ríos, fue como abrir una ventana al pasado. El camino me llevó entre chacras y campos, hasta que la silueta del molino comenzó a recortarse contra el cielo entrerriano. Allí estaba, imponente y silencioso, testigo de la historia de los inmigrantes suizos que llegaron a estas tierras en el siglo XIX. La primera impresión Al ingresar al predio, lo primero que me atrapó fue la arquitectura: el molino de viento, la casa familiar, los galpones y el aljibe. Todo parecía detenido en el tiempo, como si la familia Forclaz aún viviera allí. Caminé despacio, observando cada detalle, imaginando las manos que levantaron esas paredes y el esfuerzo de quienes intentaron hacer funcionar el molino en una tierra donde el viento no siempre acompañaba. La representación artística Ese día tuve la suerte de presenciar una representación teatral realizada por artistas locales. Interpretaron a los miembros de la familia Forclaz, recreando sus sueños...