La historia de Entre Ríos está profundamente ligada a la expansión del ferrocarril en Argentina. Este avance tecnológico no solo impulsó el progreso económico, social y cultural provincial, sino que también dio lugar a la creación de numerosas aldeas y poblados a lo largo de la provincia. Líbaros es un claro ejemplo de este fenómeno.
La Estación Líbaros comenzó sus actividades en 1898. Originalmente se encontraba a dos kilómetros de su ubicación actual y dichos terrenos fueron donados por Celia y Celmira Líbaros, herederas de su padre Juan, cuyo nombre aparece en documentos de 1892 cuando, junto a Julián Herrera, vendieron una fracción de terreno a Ignacio Henri Collin.
Líbaros está ubicado en el distrito Gena, en el departamento Uruguay, anteriormente conocido como Herrera-Líbaros, y ha sido hogar de diversas corrientes migratorias que llegaron al país y a la provincia. Un momento crucial en la historia libarense ocurrió un 6 de octubre de 1904, cuando se definieron las manzanas donde se asentarían los pobladores y se trazó el plano original que incluía la plaza principal.
Hasta fines de 2019, Líbaros se organizaba como Junta de Gobierno. Sin embargo, ese año, el Senado entrerriano aprobó la Ley que declaraba a Líbaros Comuna de Segunda Categoría a partir del 11 de diciembre de 2019, otorgándole competencias, funciones, derechos y obligaciones según la Ley 10.644.
Hasta el momento, su estación de trenes pertenece al Ferrocarril General Urquiza, cuenta con andenes para el servicio de cargas que conecta Buenos Aires con Posadas mediante la empresa Trenes Argentinos Cargas y posee empalmes hacia las localidades de Paraná y Concepción del Uruguay.
La llegada de inmigrantes no solo impulsó el crecimiento de la localidad, sino que también contribuyó a la formación de una identidad cultural rica y diversa. Estas influencias se reflejan en todos los aspectos de la vida diaria y han dejado una huella perdurable en la comunidad. Hoy en día, tiene alrededor de 500 habitantes, de los cuales 240 residen en la zona urbana, incluyendo a los pobladores de las colonias Belga Americana, La Joya y Avelina.
A pesar de que sus calles y su estación pueden parecer vacías durante la siesta entrerriana, guardan historias de trenes y de colonos que se asentaron para contribuir al progreso de esta bendita provincia.

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