Ir al contenido principal

El viento ausente. Diálogos con un quijote en suelo entrerriano.

Por David para Momento Trashumante.

Imagen EG.


Hay una terquedad silenciosa que heredamos los que descendemos nuestros abuelos inmigrantes. Una forma de ser que no sabe de quejas, pero sí de esperas largas. Mi abuela paterna trajo esa misma marca desde los cantones suizos: la misma mirada austera y ese ADN que te obliga a construir con la mirada un paso más allá, aunque el horizonte parezca esquivo.

 

Cuando llegué al Molino Forclaz un sábado de enero, no me sentía un turista. El aire de Entre Ríos estaba denso, pegajoso, de esos que te hacen sentir el peso de cada año vivido. Había ido para ver la visita teatralizada, para ver a los actores locales ponerle cuerpo a la historia. Pero en un momento, entre las sombras de las edificaciones, el parral, los añosos arboles y el resplandor de los faroles, la ficción paso a un segundo plano.

Lo vi ahí, apoyado contra la piedra mora que reviste el molino. No era un actor repasando un libreto; era él. Juan. Tenía los hombros cargados de una frustración que no se cura con el tiempo y los ojos fijos en unas nubes que no se movían ni un centímetro.

Teatraliazación. Imagen EG.
¿Todavía lo espera, Juan? —le pregunté, y mi propia voz me sonó ajena, como si hablara por mí el recuerdo de las charlas con Adela, "la francesita" como conocían a mi abuela.

Él no se sorprendió de verme. Me miró como quien reconoce a un conocido que llega tarde a un entierro.

No espero el viento, muchacho —me dijo, con un tono que crujía como madera vieja—. Espero la respuesta. Me gasté la vida y los ahorros construyendo esta casa, el malacate y este molino de viento. Mi sueño era que el roce del cereal y la molienda hiciera el milagro del pan para toda la colonia. Pero el cielo se puso sordo. Me dio la tierra, me dio la fuerza y la ausencia del viento. 

Sentí un nudo en la garganta. No era lástima, era esa complicidad de sangre que solo entendemos los que venimos de familias que se hicieron a pulso.

Juan, escúcheme —le dije, dándole un paso hacia ese espacio donde el tiempo no existe—. Si el viento hubiera soplado, hoy usted sería solo el recuerdo de un gringo con suerte. Pero el cielo se quedó mudo para convertirlo en otra cosa. Al dejar las aspas quietas, usted nos obligó a mirar la nobleza del intento. Su molino no falló Juan; se volvió un monumento a la voluntad, a la dedicación de los que levantan paredes, aunque el destino les dé la espalda. Usted nos enseñó que el honor no está en el éxito, sino en el coraje de haberlo intentado.

Juan bajó la mirada por primera vez. Se miró las manos, esas manos rudas de constructor que el calor de enero no lograba doblegar. Esbozó una sombra de sonrisa, una paz mínima, y me dijo:

Te enseñaron bienTenés el tono de los que no dejen de remar cuando el río sube. 

Tal vez, porque provengo de la misma raíz, Juan —le respondí—. Mi abuela, como ustedes "los Forclaz", un día bajo de un barco cargando en sus espaldas desarraigo, incertidumbre, pero también anhelos e ilusiones. Usted, no fracasó. Usted creó un refugio para nuestra memoria.

En ese instante, una ráfaga mínima de aire pasó entre nosotros y, cuando quise darme cuenta, Juan ya no estaba. El actor estaba en otro lado, saludando al público, y las luces del museo empezaban a apagarse lentamente.

Imagen EG.


Me fui caminando por el pasto humedecido por el roció de esa noche de verano con la sensación de haber saldado una deuda de sangre. El Molino Forclaz no es un monumento a lo que no fue; es la prueba de que construir es la única forma de echar raíces.

A veces, la mayor victoria es quedarse quieto para que la historia nos encuentre; aunque seamos trashumantes y vivamos en movimiento.


Información para tu visita:

Lugar: Museo Provincial Molino Forclaz (Monumento Histórico Nacional).
Ubicación: Calle Primeros Colonos s/n°, entre San José y Colón, Entre Ríos.
Experiencia: Consultar por las visitas nocturnas teatralizadas (sujetas a calendario y reserva previa).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nueva piel para nuevos caminos: El viaje se transforma

El movimiento es la única constante de este proyecto. Lo que comenzó en 2018 como un registro de rutas en YouTube, hoy ha crecido hasta convertirse en un ecosistema donde la imagen, el sonido y la palabra se entrelazan. Hoy, Momento Trashumante estrena una "nueva piel". ¿Por qué este cambio? He decidido limpiar el horizonte de este blog para que lo más importante —la historia— sea lo primero que encuentres. Hemos dejado atrás el ruido visual para abrazar una estética más orgánica, inspirada en las bitácoras de viaje clásicas y en la calma que requiere la lectura. Lo que viene en 2026: Este cambio de diseño no es solo estético, es el hogar de una nueva etapa narrativa: Relatos y Leyendas: Un espacio dedicado a la ficción inspirada en los lugares reales que recorro. Experiencia Transmedia: Verás una integración más fluida entre mis videos, mis audios y mis crónicas. La Newsletter: He abierto un nuevo refugio en Substack para quienes quieran recibir mis relatos líricos directame...

Falansterio de Durandó: historia, misterio y cómo llegar a las ruinas de Entre Ríos.

Autor: Momento Trashumante Blog de viajes y eventos. Llegar al Falansterio de Durandó es como abrir un portal al pasado. Caminando por los senderos rurales de Colonia Hughes, en el departamento Colón, Entre Ríos, los primeros muros derruidos emergen entre la vegetación. Es un lugar silencioso, donde el viento se cuela por los arcos y pasillos vacíos, y el pasado parece susurrar a quienes se detienen a escuchar. Ya había visitado el sitio antes, pero en esta ocasión sentí que cada pared, cada ladrillo, tenía algo que contarme mientras filmaba y tomaba fotografías. Historia verificada. Jean‑Joseph Durandó El Falansterio de Durandó fue fundado por Jean‑Joseph Durandó, inmigrante suizo, a fines del siglo XIX. Su proyecto fue un experimento social y productivo basado en ideas de Charles Fourier, combinando trabajo agrícola, oficios manuales y educación integral en un único espacio comunitario. Simbología - ingreso al edificio en ruinas. En su apogeo, la comunidad llegó a albergar aproximada...

El Falansterio de Durandó: viaje a una utopía.

Durante mi visita al Falansterio de Durando, uno de los sitios históricos más enigmáticos del litoral argentino, descubrí que no solo caminaba entre ruinas: caminaba entre historias, versiones y memorias vivas.  Ruinas del Falansterio Por Momento Trashumante (©) En la entrada anterior, te compartí su historial e intenté describir su mística, junto a un conjunto de recomendaciones para su visita.  Lo que encontrarás a continuación es una mezcla de bitácora de viaje, relato literario e histórico sobre esta antigua comunidad que funcionó como uno de los experimentos sociales más singulares de Entre Ríos. Esta estructura híbrida no solo busca narrar lo que viví, sino también ofrecer información útil para quienes deseen visitar el lugar, conocer sus restos arquitectónicos y explorar los paisajes rurales que aún conservan la atmósfera de aquella época. Mi intención es tender un puente entre lo popular y lo histórico, entre lo que se cuenta en voz baja en la zona y lo que registraron...