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| Foto panorámica del Balneario Rocha - Villa Elisa. |
Hay lugares que visitamos para descansar y otros que visitamos para recordar. El Balneario Rocha, a unos 10 kilómetros de Villa Elisa, es para mí ambas cosas. Hoy es el recreo natural por excelencia de la región, pero si afinamos el oído entre el murmullo del Arroyo Perucho Verne, podemos escuchar historias que no figuran en los folletos turísticos.
Entre el monte y el agua fría
El "Rocha" es un santuario de aguas cristalinas que filtran a través de las arenas del acuífero, rodeado de un monte nativo que parece abrazar a quien lo visita. Es el patio de juegos de los elisenses: el lugar del asado dominguero, del campamento de los jóvenes y del primer contacto de los infantes con la naturaleza. Sin embargo, su origen esconde una trama de poder y de silencios.
La historia oficial vs. La historia real
La versión que se suele escuchar es que el balneario nació de la visión de progreso local. Pero detrás del nombre hay un peso político: Juan José Rocha, quien fuera Diputado Provincial y una figura de enorme influencia en su época.
A mediados del siglo XX, lo que hoy disfrutamos como espacio público fue el resultado de un proceso de expropiación, al menos en lo que respecta a su acceso. Aquellas tierras a la vera del Perucho Verne no estaban vacías; pertenecían a familias de colonos como la familia Cot, Meyer, Ramat, Rocha, Galván, entre otras. Tal vez, utilizando la figura de "utilidad pública", el poder político de entonces —con Rocha a la cabeza— intervino para que esas orillas pasaran al dominio común. Lo que para la región y la colonia fue un avance, para las familias que estaban allí fue un despojo parcial y silencioso de sus propiedades.
Los ojos de Gala: ese arroyo que no se olvida
Esto que cuento, no es solo un dato del archivo familiar; tiene que ver con mi propia sangre. Mi abuela Gala nació y se crio de niña exactamente ahí, sobre las orillas de ese arroyo.
Ella me contaba historias de una infancia rústica y pura, donde los "bañados del Perucho Verne" era el patio de su casa.
Hoy solo quedan las anécdotas de mi abuela y la de algunos vecinos del actual balneario que aún viven en la zona. Cada vez que tengo oportunidad de visitar el balneario, no puedo evitar sentir que debajo de la infraestructura actual todavía laten los pasos de esa niña que veía el mundo desde la orilla del Perucho. Si te interesa conocer más su historia recomiendo ver Entrevista de @javierganier a Don Alcides Dalleves.
Guía para el visitante.
Si decidís visitar este refugio natural, deberás tener en cuenta:
El Arroyo: El agua suele estar fría, incluso en verano, lo que lo hace el mejor remedio contra el calor entrerriano.
Naturaleza pura: Es un sitio ideal para el avistaje de aves. Lleva binoculares; el monte nativo está más vivo que nunca.
Servicios: Hay una proveeduría, zonas de parrillas y espacio para camping. Es rústico y auténtico. Hay piletones, pequeñas cascadas, estacionamiento para vehículos, y además del puente de acceso, puentes peatonales. Aunque la sombra es frondosa siempre es recomendable tener a mano repelente de insectos y filtro solar.
Un momento de silencio: Te invito a que te alejes un poco de la zona de gente, te sientes cerca del agua y trates de imaginar el arroyo como lo veía Gala: sin carteles, sin caminos, solo el monte y el sueño de aquellos primeros colonos.
¿Te pasó alguna vez de descubrir que un lugar que amas tiene una historia familiar oculta? Los leo en los comentarios.


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