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MARJORY GLEN: BREVE HISTORIA DE UN NAUFRAGIO.







Quienes van a Punta Loyola suelen recorren el interior de los restos de una embarcación, en una asfixiante cabina que retrotrae a películas de terror psicológico. Un verdadero atractivo turístico para aquellos que buscan algo más ¿alternativo tal vez? a los puntos más tradicionales de la ciudad. 

¿Qué historia guarda el famoso barco de Loyola? Su nombre original es Marjory Glen, de origen británico. Fue construida en el año 1892 por la empresa “The Grangermonth Dockyard Company”, en Escocia. Según se pudo reconstruir a través de registros escritos sobre el barco del 1800, se trataba de una nave con propulsión a vela, con tres mástiles y dos cubiertas, sin galerías. El casco de acero estaba remachado. 

Si bien parecen datos técnicos del lenguaje náutico, lo cierto es que el armado del barco sería de vital importancia para los hechos que terminaron desembocando en su naufragio. Se trata de una historia de una seguidilla de errores humanos que terminaron en tragedia. En medio, un negocio, gente que buscó aprovecharse de la situación y un pueblo pujante que quedó temeroso de las nubes negras.


El capitán era J.M Holmsen y según quedó constatado para el 8 de junio de 1911, transportaba 1701 toneladas de carbón, como así también embalajes, atados y mercancía. El objetivo del triste y último viaje hacia Río Gallegos era entregarse en el puerto “si los enemigos del señor, el fuego o cualquier otro peligro no lo impiden”, rezaban los viajeros. Partieron el 12 de junio de ese año, con el capital, oficiales y la tripulación de 16 personas.

Tras varios días de viaje, se encendió la primera alarma en el barco: Las primeras nubes negras de carbón que advertían del peligro de la carga. Poca atención se le prestó a ese principio de incendio, que fue apaciguado con agua y dejado en segundo plano. Cuatro días después lograron llegar al puerto, negociando el capitán Holmsen la venta del carbón con las familias que habían comprado la carga. Pero el fuego continuó, avivado por el carbón obviamente. Se enteró un día después de la muerte de dos de los compañeros de tripulación, por lo que un subprefecto le sugirió “abrir un rumbo al buque por la parte exterior”. No le hizo caso y solamente retiró algunos remaches de plancha de la popa, lo que no alcanzó para inundar la barca con agua. Tuvieron que abrir las escotillas, aunque hay voces que señalan que no fue por decisión del capitán sino por la presión del gas ejercida desde adentro. Esto generó una mayor combustión todavía, propagando el incendio por toda la embarcación.

Los cuerpos fueron llevados a cubierta para tratar de reanimarlos y se despachó un mensajero en busca de un médico. Acudió a la emergencia el Dr. Fenton, para constatar la muerte por asfixia de gas carbónico. Con el mismo diagnóstico, el médico de la gobernación, Dr. Larrauri, dejó constancia de las causas de la muerte en el expediente N°3542-A-1911, folio N°362, legajo N°33 del Juzgado de Santa Cruz.

Como tampoco Subprefectura tenía elementos para sofocar el incendio, Manuel Cantariño se ofreció a hacerlo, a cambio de un pago. Momentos después junto a personas particulares rompen una plancha del casco de "Marjory" para inundarlo y sacan también algunas velas y víveres en cajones. Luego de esto arriba al puerto el vapor chileno "Araucanía" y propuso inundar al "Marjory Glen" con sus bombas, lo que no se pudo llevar a cabo por la peligrosidad del fuego; en cuanto a este hecho, existe otra versión del Diario La Unión que, el día 24 de septiembre de 1911, señala: "El vapor "Araucanía" de la casa armadora "Braun & Blanchard" de Punta Arenas, que acababa de llegar, colocó dos mangueras en la barca con el objetivo de anegar el fuego, pero no consiguió dar agua, y la marea que se retiraba rápidamente, obligo al capitán a retirarse sin poder prestar auxilio".

La situación el día 21 de septiembre, se tornó en extremo peligrosa, habiendo fundado temor por la inminente caída de parte de la arboladura y porque el humo y el fuego se volvieron intensos, por lo que a la tripulación solo le quedó como opción hacer ingresar agua por las aberturas en el casco, con lo cual logró controlar el incendio para el 22 de septiembre.

Hoy lo cierto es que el Marjory Glen es el emblema de un siglo que pasó hace mucho, de un mineral que llegó con dos vidas menos y varios errores humanos que agravaron la situación. 

El lugar es actualmente utilizado como un resguardo, como material fotográfico de cientos de capturadores de imágenes que ven en el barco una postal del óxido de un siglo que ya pasó.

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