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APU KUNTUR: EL SEÑOR DE LOS ANDES

Primera parte.



Transitando la tercera temporada de Momento Trashumante, continuamos recorriendo el corredor turístico de la Ruta Nacional 40 en su tramo más austral. Visitamos la Cuenca Carbonífera y el Parque Nacional Los Glaciares conjuntamente con las localidades de El Calafate y El Chaltén. 

Más allá de compartir el encanto de los escenarios naturales nos interesa también abordar otras temáticas vinculadas a la naturaleza y el medio ambiente, difundiendo aquellos proyectos y emprendimientos que ponen en valor la conservación de la fauna y flora de cada lugar que visitamos,  como también, el acerbo cultural de las comunidades que allí habitan.

Siguiendo ese objetivo, semanas atrás analizamos la problemática de un animal considerado monumento natural de la fauna autóctona de nuestra región patagónica andina: el huemul. Hoy, es el turno de un ave que surca los cielos de la región andina: el cóndor.


Desde tiempos inmemoriales, los pueblos originarios americanos lo tuvieron muy presente para explicar su cosmovisión tan rica y tan poco conocida. Su semblante dio imagen a muchos de sus dioses. En Tiahuanaco, en la llamada Puerta del Sol, Viracocha se levanta con su espectacular cabeza emplumada. El monolito "Bennett" deja entrever su decoración también muy significativa. Especialistas en arqueología coinciden en describirlo como la confluencia de tres elementos: ave, pez y felino. A esta majestuosa ave se vincula con el "mundo de arriba" y el pez al "mundo de abajo".

Era uno de los pocos animales junto con el puma que los Incas no sacrificaban en sus ceremonias dentro del Templo del Sol. Era considerado el mensajero de los dioses o "Apu Kuntur", sinónimo de belleza y enaltecimiento.

En nuestro territorio argentino, su imagen se asocia a las culturas que habitaron los valles de Calchaquí desde La Rioja a Jujuy, Catamarca y noroeste argentino. Según Adán Quiroga, "el cóndor podría representar la obscura nube de la tempestad, ya que en ocasiones ocupa en la alfarería el lugar del suri y se la reproduce de manera semejante". Para este autor, la terminología Cuntur lleva en la sílaba "Cun" la idea de lluvia por asociación con la divinidad Cun o Con.

En este recorrido cultural, se detecta un paralelismo al considerar determinados símbolos iconográficos. Sin dudas que en el pensamiento religioso de la América indígena, el felino (puma o yaguareté), como la serpiente (o a veces el pez), y el ave (como el cóndor o el suri) ocuparon un lugar de privilegio y tienen un rol protagónico. 

Su imagen es como un dios atmosférico o un mensajero del "mundo de arriba" es explicable en el sentido de que el ave vive en el aire, cruza el espacio, corta los vientos y asciende a las más altas cumbres, casi inaccesibles al hombre, de ahí su trascendencia a lo largo de los siglos. ("La magia del cóndor. El cóndor andino como patrimonio natural-cultural, de Sandra Gordillo, publicado en Ciudad de Córdoba, Argentina, en el año 2000).

Esta introducción habla del Cóndor Andino. El cóndor andino, también conocido como cóndor de los Cerros, o de los Andes, o simplemente cóndor (Vultur gryphus), es una de las aves más grandes de planeta, símbolo nacional de muchos países sudamericanos. Sin embargo, esta ave emblemática está en peligro de extinción a nivel mundial.

Esta enorme ave se encuentra entre las más grandes del mundo capaces de volar. Dado su gran peso - hasta 15 kilogramos -, incluso la ingente envergadura de sus alas, que pueden medir hasta 3 metros, esta ave necesita algo de ayuda para mantenerle en el aire. Por ello, esta especie prefiere vivir en zonas donde las corrientes de viento son abundantes y pueden planear sobre ellas sin gran esfuerzo.
Los cóndores andinos viven en zonas montañosas pero también cerca de las costas, donde abundan las brisas marinas, e incluso en desiertos con fuertes corrientes térmicas de aire.

Caracterizado por su bufanda de plumas blancas alrededor del cuello y al final de sus alas, el cóndor es muy reconocible también por carecer de plumas sobre su cabeza rojiza y puede cambiar de color según el estado emocional del ave. Junto con esta curiosidad, esta especie también presenta una diferencia de tamaño según el sexo, pero a diferencia de la mayoría de aves rapaces el macho es mayor que la hembra.

Este ave carroñera alcanza su madurez sexual entre los 5 y los 6 años de edad y anida entre los 1000 y los 5000 metros sobre el nivel del mar, normalmente amante de las formaciones rocosas muy poco accesibles. En El Chaltén, Provincia de Santa Cruz, es habitual verlos revolotear y anidar en el cordón que lleva su nombre como también realizar largo planeos sobre el valle del Río de las Vueltas o Río Fitz Roy.

Su tasa de reproducción es muy baja, suele poner un huevo cada dos años. De allí uno de los motivos por los que se realicen proyectos para su conservación. Es una de las aves más longevas del mundo porque pueden vivir hasta los 75 años en cautiverio. Son buitres; prefieren alimentarse de animales grandes, ya sean salvajes o domesticados, y al consumir sus cuerpos realizan una importante labor como barrenderos de la naturaleza. Localiza a sus presas, pero no descienden a comer de manera inmediata, sino que vuelan en círculos sobre ella o la vigilan desde algún lugar cercano hasta que finalmente se acercan. Son capaces de comer hasta 5 kilogramos de carne al día y sobrevivir 5 semanas sin alimento.

En la próxima entrada: Sus amenazas y proyectos de conservación.

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